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Experiencias de una esposa y madre

Hola, me llamo Edith, soy española y tengo 44 años. Cuando me convertí hace 13 años, esperaba un cambio de cien por cien en nuestro matrimonio, pues estamos casados 25 años. En el tiempo siguiente hubo algunos mejoramientos, pero no entró todavía un cambio de dirección total. ¡Aún había esos altibajos! Me creía en la posición justa hacia mi esposo, pero sin embargo sentía en mí un vacio. Para la vida diaria buscaba modelos y posibilidades de solución, pero las “cristianas” solo me daban “consejos”, y no me mostraban como “vivirlo” prácticamente. Me faltaba ese modelo de vida práctico. Pero en una hermana, la cual conocemos hace muchos años, pudimos ver un cambio enorme. Había ido a una evaluación espiritual. “Sí eso es el resultado de esa evaluación espiritual,” pensamos nosotros, “¡entonces también nosotros queremos dejar evaluar nuestra vida en fe de hermanos acreditados en fe!” – Y así fuimos a una evaluación espiritual. Allí nos dijo el Señor Jesús, porqué no funcionaba nuestra vida, ¡porque no habíamos puesto todavía “todo“ bajo el dominio de Dios!

Aquí, en los hermanos de la OCG pudimos ver por primera vez lo que siempre buscábamos: el modelo de vida práctico.Durante un sermón de Ivo Sasek, una frase penetró profundamente en mi corazón: “¡Sí tú, como esposa, no oyes a la voz de tu esposo, no creas que puedas oir la voz de Dios!“ ¡Bingo! ¡Dió en el clavo! No entendía como funcionaba eso de someterse, pensaba que era algo como “colgar su razonamiento en el guardarropa“ o una “obediencia ciega“. Pero en mi corazón tenía el deseo de poder entenderlo y así oré: “¡No sé como, pero Tú lograrás en mí esa sumisión, Señor Jesús!“

Poco a poco me entraba más y más alegría de corresponder a los deseos de mi esposo y de serle una buena ayudanta. De una vez pude entender por qué le gustaba tener un piso limpio y ordenado. Pues Dios no es un Dios del desorden, sino de la paz. Así entendí que el desorden en mís cajones y armarios eran simplemente un espejo de mi propio estado. Hoy puedo mostrar a mis visitas todos los cajones, armarios y rincones de mi casa – pues en mi casa ha entrado la paz de Dios. No en forma fanática, sino ha salido brotando como de un manantial.

También cuando limpio el escritorio de mi esposo, lo coloco todo otra vez en su sitio como el está acostumbrado y no como a mi me gustaría ponerlo. Con la alegría y satisfacción de mi esposo crece también el amor y el aprecio uno por el otro. Pero cuando no estoy en Cristo, puede ser que algo de la “Eva muerta“ resucite – y de momento estalla el caos. – Pero entonces rápidamente me arrepiento – es decir, comienzo “a pensar otra vez con Dios“ en vez de seguir en mi terquedad – y entonces todo funciona nuevamente. Tengo un deseo grande en mi corazón de servir de modelo vivo práctico a las esposas, para que también ellas estén en la posición justa ante de sus esposos. Ahora puedo ver que someterse no es algo desagradable que oprime, sino da alegria y libertad. ¡Es posible vivir en harmonía!

Bueno, también soy madre de una hija de 21 años, que se ha entregado por completo al Señor. Ella también se dejó evaluar, pudo reconocer su “ser terco de niña única” y lo pisó bajo sus pies. No tenemos ningún problema con ella en la escuela, música ni amistades, pues ella, en primer lugar, busca hacer la voluntad de Dios.

Hoy tengo en ella no solo una gran ayuda sino también me es una hermana en Cristo, así que no solo nos podemos alegrar la una de la otra, sino que también nos podemos advertir una a la otra.

De todo corazón

Edith Acevedo Rodriguez de Scheidt


 


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Ultimamente actualizado: 06.06.2008   
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