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Un
informe de nuestra hija
Hola,
soy Isabel y en este año he cumplido 21 años. Como hija
he echo la experiencia que es hermoso ser obediente a los padres. Una
situación algo cómica fue cuando una vez tuve una bronquitis
y tenía una tos tremenda. Mi madre cada vez me decía que
tenía que expulsar la saliva tosiendo, pero me daba tanto asco,
y aparte no quería hacer lo que mi madre decía porque estaba
rebelde. Hasta que me di cuenta, que lo único que me pasaba era
que no quería someterme al deseo de mi madre, pues cuando expulsé
la saliva, me entró una gran alegría y libertad hasta para
mis pulmones. Naturalmente que también entro en situaciones difíciles.
Aquí he aprendido a seguir confiando a Dios y a esperar en fe todo
de Él y a orar: ¡Señor ahora hago uso de tu ayuda!,
y no como antes: Por favor ayúdame y por favor has esto o lo otro...
He aprendido que solo cuando oro confiando en la ayuda de Dios, que entonces
viene la fuerza de Dios que ayuda verdaderamente.
Esta fuerza la pude conocer prácticamente.
Quiero aprender el oficio de ATS pediatra y me matriculé en dos
escuelas para ATS pediatras. En la primera escuela, poco tiempo después,
me dieron una cita para presentarme, y de momento supe: ¡Aquí
es mi sitio, Dios quiere que esté aquí! Antes de que la
escuela me hubiera dado aviso si me tomaban o no, en fe en Dios, les pedí
que me borraran de la lista de la otra escuela. Tenía en mí
una seguridad absoluta, que el Señor Jesús me daría
el puesto en la primera escuela. Muchos me tomaron por irrazonable de
haberme dejado borrar de la segunda escuela, sin tener la confirmación
de la primera.
Tres semanas y media pude ejercitar tener
paciencia. Naturalmente que de vez en cuando me venía la idea:
¡Oh! ¿Lo habré hecho bien? Pero yo oraba: ¡Señor
Jesús, Tú voluntad sea hecha! ¡Tú haces lo
mejor para mi y cuidas también ahora de mí! Así
me podía quedar tranquila en Él. Y entonces vino la respuesta
del hospital donde supe: ¡Aquí me quiere tener Dios!
Otra situación de suspense fue
cuando hice el examen de teoría para el carnet de conducir. Estaba
tan nerviosa, que en mí quería subir miedo, pero muy rápidamente
pude deshacerme de él con la ayuda del Señor. Ya antes de
la prueba confiaba en el Señor, que Él fuese en mí
el que aprendía, y también en la prueba confié en
Él en todo. Por Él pude aprobar la prueba teórica
y poco tiempo después también la prueba práctica.
También estoy muy contenta de ver
como Dios transforma nuestra vida de familia, desde que le somos obedientes.
Veo como mis padres van llevando más y más un matrimonio
de modelo y no como era antes, que casi se divorciaron. Esto me alegra
naturalmente mucho como hija que soy porque no puede haber cosa más
hermosa que vivir en la paz de Dios.
Vuestra
Isabel
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