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¿Hombrecito
– o hombre y pastor?
Después
de mi conversión a nuestro Señor y Salvador Jesucristo,
tenía el deseo de ir el camino de la imitación de Cristo
de manera fiel y obediente. Pero la realidad era un sube y baja – un pecar,
recibir perdón, prometer ser obediente, pecar, recibir perdón....-
¡estaba harto de esa vida!
Estaba triste, porque ninguno de mis hermanos
en las iglesias cristianas me servía de verdadero modelo. Me faltaba
un modelo práctico, en el cual podía aprender a vivir una
vida de fe práctica, para poder ser agradable a Dios y para yo
mismo ser modelo para otros hermanos.
Tampoco quería seguir creyendo
la mentira “siempre seguiremos pecando una y otra vez“, pues es todo lo
contrario de lo que está escrito en la Santa Escritura. No quería
seguir tranquilizando mi conciencia, porque sentía en el fondo
de mi corazón que Dios “espera un vivir obediente“ de nosotros
– pero aún no había encontrado la llave apropiada para entrar
en esa vida vencedora. Exigía, hablaba, predicaba – si, hasta enseñaba,
sin hacer yo mismo lo que decía. Seguramente os podéis figurar
“la fuerza“ que tenían mis palabras – como si le soplase a un árbol
y esperase que se volcara.
¿Pero cómo sigue la historia?
– Después de buscar mucho tiempo, cayó en mis manos una
cassette de un predicador que me era desconocido, Ivo Sasek. El titulo
del sermón era “Células podridas ¿cuerpo sano?” Al
contrario de otros sermones éste también tenía una
instrucción práctica sacada de la vida diaria para poder
convertir lo oido en realidad en la vida personal.
Este mensaje me quebró
por completo – reconocí de una vez todos mis pecados, llorando
me arrodillé y grité a Dios pidiéndole que tuviera
piedad de mi y Él escuchó mi súplica. Pedí
más sermones y mi deseo iba aumentando, de poder conocer personalmente
a ese predicador, que hablaba con tanta fuerza y autoridad – quería
”ver, tocar, probar, sentir”, si había allí más
que solamente palabras y deseaba aprender de él. Contentísimo
llegué a conocer a personas probadas que tienen experiencia más
de 20 años, practicando el camino de dependiencia total de Dios,
y así pudiendo transmitir sus experiencias en ejemplos prácticos.
Estos son los hermanos de la OCG – Generación Cristiana Orgánica
– estas personas me fueron la ayuda de Dios para poder entrar en este
nuevo camino – pues: de un teórico a un practicante, de
un tirano a un esposo y padre cariñoso y a un sacerdote de casa.
De un inmaduro me voy transformando paso a paso en un cristiano maduro.
Esto pasó y pasa únicamente, porque le demostré y
le demuestro a Dios mi derrota y le soy obediente.
Esto significa prácticamente que
aprendí y aprendo a poner toda mi vida bajo el poder de Dios. Esto
comienza con la duración de mi dormir, sigue con la pregunta cuando
y cuanto comer, sobre mis actividades en el tiempo libre, mis deberes
como pastor de mi familia, sobre el tema del dinero y hasta mi vida matrimonial.
He comenzado a no pasarme comiendo demasiado,
no dejarme capturar del internet, y por fin he comenzado a preocuparme
de las necesidades de mi mujer y mi hija, que tanto tiempo había
descuidado de ellas. Ya no evito problemas, sino que deseo enfrentarlos
lo mas pronto posible. Tratamos de resolverlos delante de Dios y buscamos
recibir una solución que viene de Él. Cuando luego tenemos
un testimonio común de paz sobre los pasos siguientes, los problemas
ya están casi disueltos.
Por el modelo de vida práctica
de los hermanos pude reconocer que la llave para una vida santa se llama
“abstinencia“, sin la que no puede funcionar nada.
Lastimamente todavía no funciona
en todos los sectores de mi vida, pero voy aprendiendo paso a paso. He
puesto mi pie sobre este nuevo camino, y estoy seguro, que si sigo este
camino y soy obediente en los puntos que Dios me enseña (por ejemplo:
“no comas mas chocolate“ o “habla sobre eso o aquello“), entonces por
esa obediencia recibiré más fuerza y autoridad para poder
al fin tener el poder sobre todos los pecados.
Deseo que, en tí y en mí,
Cristo sea formado y que juntos aprendamos a rendirnos ante de Dios y
a dejarnos librar, como también la creación espera la liberación.
En el amor de Jesucristo
Thomas-Michael
Scheidt
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